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Nuestros hogares no pretenden ser lujosos, sino prácticos y agradables.

Aunque vivamos varias familias en una misma casa comunitaria, se proveen hogares para los matrimonios y para sus hijos en proporción al número de estos. Los hermanos solteros y las hermanas solteras comparten habitaciones, de acuerdo a las necesidades y posibilidades, con los del mismo género.

De acuerdo al patrón de las congregaciones apostólicas del primer siglo, todas las comidas las compartimos juntos.