Doce Tribus
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Nuestros matrimonios descansan sobre un fundamento sólido. El matrimonio no es invención nuestra, para hacer con él lo que queramos, sino es Dios quien posee la patente del matrimonio y la familia. Así nosotros, como seres humanos, no tenemos la autoridad de redefinirlo o rechazarlo en el caso que no se adapte a nuestras conveniencias. El matrimonio no es el invento de un sociólogo o un psicólogo, ni  tampoco el producto de una cultura dominada por el varón para oprimir a la mujer. Es una creación de Dios, de gran importancia y que existe para la gloria de Dios.

La dignidad del matrimonio y la familia radica en el hecho de que es la creación soberana, por la misma Palabra de Dios, para la mayor expresión de su imagen en la creación, el hombre. Dios creó al hombre, varón y hembra, y ambos unidos son la imagen de Dios.

El matrimonio es una alianza de sangre. Una alianza hasta la muerte. Romperla es romper tu palabra, manchando para siempre tu buen nombre.

Esta unión ensalza la personalidad de ambos si ha sido hecha con integridad. Es el fundamento de la confianza mutua. Es el fundamento de la familia, como Dios la entiende, y es el entorno donde se pueden criar hijos íntegros que lleguen a ser adultos responsables, capaces de limitar su propio egoísmo y mostrar amor y respeto por todos los seres humanos. Es la base de una sociedad moral. La devastación de la sociedad actual es el resultado directo del abandono de la alianza de amor.[1]

1. Mateo 5:27-32; 1 Corintios 6:9; Hebreos 13:4; Mateo 19:3-9 [atrás]
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