Doce Tribus
943.63.23.16
 
 
Hola Invitado, login
 

En medio del campo en barbecho de Pello Calahorra, había una vez un gran hormiguero, rebosante de fornidas hormigas rojas. Sumamente inteligentes, estas sofisticadas criaturas constituían una sociedad civilizada, moderna, dotada de gobierno central y universidad donde se enseñaba historia, ciencia, psicología, sociología, filosofía y ciencias políticas.

 

Una cálida tarde de primavera una hormiga forastera se acercó. Se trataba de una hormiga negra. Las hormigas exploradoras la detectaron y vigilaban su avance, examinando cada uno de sus movimientos. La extranjera trepó al hormiguero lentamente, de lado, sin forzar la pierna que tenía herida. Inmediatamente se dio aviso al complejo presidencial, que envió un contingente especial al encuentro de la intrusa.

Estas hormigas tan inteligentes y educadas, eran atentas y amables, hospitalarias y cordiales con los recién llegados. Le ofrecieron comida, asistencia médica y un lugar para quedarse. Pero la hormiga recién llegada lo rechazó todo. Sus antenas se movían agitadamente y sus mandíbulas traqueteaban fuera de control. Insistía que no tenía tiempo que perder para dar un mensaje urgente a todo el hormiguero.
¿No nos puedes dar el mensaje y nosotras correremos la voz? Le dijeron. ¡No! Insistió retrocediendo sobre sus patas posteriores. ¡Tengo que decírselo a todas las hormigas a la vez, y tengo que hacerlo ahora!

Al instante, las hormigas convocaron una reunión de altos mandos en la que decidieron que ante semejante circunstancia se podría llamar a asamblea a todo el hormiguero. Después de todo la colonia había estado trabajando muy duro últimamente, y tal vez la reunión podría tener un aire festivo. Y además le daría la oportunidad al presidente de presentar un nuevo proyecto, ya que hacía tiempo que lo estaba considerando.

Se hizo una llamada general para reunir a la asamblea. Pronto empezaron a salir de cada celda y pasadizo cientos de hormigas rojas, agradecidas por la oportunidad de suspender el trabajo. En poco tiempo, el hormiguero estaba cubierto por completo y parecía una montaña de piedritas rojas brillando bajo el cálido sol primaveral.
Después del tradicional protocolo e introducciones preliminares, la impaciente hormiga negra tuvo por fin la oportunidad de contar su historia.

Abriendo las mandíbulas para hablar les dijo que ella también había vivido en un hormiguero similar a ese. Sus parientes también eran inteligentes, con mucho conocimiento, muy educadas, amables y pacíficas, y vivían juntas en una sociedad completamente moderna, con un gobierno central, e incluso con una universidad que enseñaba historia, ciencia, psicología, sociología, filosofía y ciencias políticas, hasta que fueron sorprendidas por una terrible tragedia.

Precisamente el día anterior, cuando ella y sus compañeras de trabajo estaban ocupadas en sus tareas diarias, escucharon un ruido que aumentó en intensidad, hasta convertirse en un rugido ensordecedor que hizo temblar la tierra. Ella logró salir justo a tiempo para ver que una masa negra monstruosa venía rodando directamente hacia el hormiguero a gran velocidad. No pudo hacer nada más que quitarse del medio. Corrió desesperadamente pendiente abajo, y mirando atrás, vió con horror como la enorme masa negra aplastaba el hormiguero. La fuerza de su avance era tal que iba lanzado piedras gigantescas hasta el otro lado del campo. Y una de ellas le golpeó, hiriendo una de sus patas.

Seguidamente, un objeto con forma de cuchillo, brillante y colosal, fue abriendo un gran cañón en la tierra. Levantó el hormiguero aplastado, rasgándolo y dejando todos los huevos que habían sido cuidadosamente almacenados expuestos a los pájaros. El terrible monstruo había venido una y otra vez, excavando cañones uno detrás de otro y destruyendo toda la tierra, hasta que finalmente desapareció.

La atemorizada hormiga se encontró con algunos de los supervivientes, todos ellos aturdidos por la hecatombe, cuando de repente vieron llegar torrentes de agua que fluían por los cañones, arrasando los huevos y miles de hormigas muertas. Entonces, decidieron abandonar el lugar que una vez había sido su hogar; pero no sin antes haberse comprometido a dar la voz de alarma en los hormigueros de los alrededores.
¡Por eso estoy aquí! -- dijo la hormiga negra a la audiencia.-- Y por eso no puedo quedarme. ¡Este lugar va a ser destruido!

Las hormigas rojas escucharon con aparente interés. Sin embargo, no parecían inmutarse, aparte de alguna mandíbula que temblaba o alguna antena que se agitaba. Entonces la hormiga alienígena insistió en que no había tiempo que perder y que el hormiguero debía ser evacuado de inmediato. Les aconsejó llevarse los huevos a un lugar seguro y que todas las demás hormigas escapasen de la destrucción inminente.
El presidente y sus consejeros se apresuraron a reunirse “in situ”, donde decidieron que todas las hormigas debían volver a su trabajo, mientras los catedráticos de la universidad sometían el asunto a un estudio intensivo. Entonces, se convocaría otra asamblea en la cual los catedráticos expondrían los resultados de su investigación. Mientras tanto, la hormiga alienígena sería puesta bajo custodia para evitar posibles insurrecciones, y sería sometida a un exhaustivo interrogatorio.

Cuando la asamblea se volvió a congregar, el presidente anunció que se había tomado una decisión. Cinco destacados catedráticos iban a leer sus informes y después el presidente comunicaría la decisión del gobierno.

La hormiga historiadora citó a los muchos chiflados que habían ido y venido a lo largo de la historia, con teorías absurdas que resultaron ser falsas una y otra vez.
Señaló que en todos los anales de la historia no había ningún informe con pruebas evidentes de catástrofe alguna, o diluvio semejante.

La hormiga científica demostró con medios audiovisuales que el fenómeno descrito como “una monstruosa masa negra” y un “enorme objeto con forma de cuchillo” no podían concebirse científicamente, ya que se presentaban como fenómenos de carácter sobrenatural. Señaló que en su opinión personal, este tipo de cosas eran impensables para una mente científica y por lo tanto, no podían existir.

La hormiga psicóloga explicó como una lesión grave producida en una hormiga sana puede conllevar un deterioro mental, produciendo fobias, obsesiones, alucinaciones y paranoias. Señaló que esto podría explicar las vivencias de la hormiga negra como una realidad virtual, producto de la demencia, evidentemente.

La hormiga socióloga destacó la absoluta necesidad de mantener la estabilidad social y prevenir la histeria colectiva mediante un desmentido público. Señaló que para mantener el estado de bienestar de la sociedad era imperativo poner en duda cualquier cosa que pudiera crear caos o alterar el “status quo”.

La hormiga filósofa expuso la teoría de la relatividad de la verdad. Señaló que lo que la hormiga extranjera creía, era cierto para ella y toda su vida giraría en torno a ello; pero lo que creían las hormigas rojas era igualmente cierto para ellas, y cualquier cambio de creencia era innecesario mientras las hormigas rojas permaneciesen dentro de su ámbito cultural.

Finalmente, la hormiga presidente fue recibida con ovaciones del público. El diplomático ensalzó las virtudes de las hormigas rojas. Dio a conocer la decisión de mantener el status quo, y dirigiéndose a la hormiga alienígena, le dio claras instrucciones. Se le concedería la libertad con la condición de que partiese de aquel lugar para no volver nunca jamás. Y en caso de desacato, se le notificaba oficialmente que si la encontraban aunque fuera en los alrededores del hormiguero, sería inmediatamente arrestada y entregada a las autoridades.

Las hormigas rojas hicieron todas juntas y en perfecto orden el saludo al futuro; se leyó el credo de las hormigas y repitieron el juramento de fidelidad, para finalizar con el himno nacional y la despedida oficial. Cada individuo volvió a su celda.
Cojeando, pero al fin libre, la hormiga negra se fue, cruzando en solitario el campo de Pello Calahorra. No salía de su asombro: ¿Qué había hecho mal? ¿Por qué no le habían hecho caso? Absorta en sus pensamientos, no advirtió la presencia del señor Calahorra, que estaba sentado tranquilamente en su tractor, preparándose para arar su tierra y calculando cuantas horas de agua necesitaría para regar el campo donde estaba aquel hormiguero tan grande.

¡Pobres hormigas necias! ¿Por qué no escucharon? ¿Cómo es que no entendieron lo urgente que era salir de allí? ¿Por qué sus líderes no creyeron a la hormiga alienígena? ¿Por qué no se escuchó, ni obedeció la voz de aquel profeta solitario? ¿Por qué estaban todos tan preocupados por preservar sus bienes, su comodidad, poder y reputación? ¡Pobres hormigas necias!

Pero, ¿somos nosotros diferentes? ¿Escucharíamos a los profetas en el Día de la Tierra cada año? ¿Y qué dicen esas voces proféticas?

Se buscan soluciones a los grandes desastres que se ciernen sobre la tierra. Se escucha que hay que poner programas en marcha para guardar el equilibrio ecológico y que el planeta no colapse. Se habla de la necesidad de parar el avance de la destrucción de los recursos naturales del planeta; de parar el abuso de los países del tercer mundo por parte de los países desarrollados. Pero…¿quién de verdad habla de salir de la forma de vida de una sociedad que derrocha y arrasa? ¿Quién es capaz de discernir y ver las raíces del comportamiento humano y a dónde nos está llevando?

¿No es esto lo mismo que escuchamos siempre en cada Día de la Tierra?

¡Sí!

Pero, ¿a dónde irías si quisieras salir?

¿Dónde está el lugar real donde podamos formar parte de la solución y no ser parte del problema?

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *
Avatar
Captcha *
Espera por favor!
Publicaciones recientes