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Vivimos juntos en una nueva sociedad, en la que nadie es ignorado o despreciado. El fuerte no es exaltado y el débil no es explotado. Estamos aprendiendo una forma diferente de relacionarnos unos con otros, sin temor, hostilidad o recelos. Haciéndonos como niños, vivimos en una atmósfera de confianza. El amor gobierna nuestro hogar.

Es una sociedad con un orden completamente diferente. La paz que reina en nuestro medio no se debe a leyes o imposiciones. No hacemos cosas por obligación, sino porque queremos. En esta vida de amor nadie tiene el derecho de ser frío con su prójimo. La malicia, la envidia y las revanchas son ajenas a nuestra forma de vida. El amor nos impide ponernos por encima de los demás o volvernos la espalda en tiempos difíciles.

Todo el mundo sabe cómo es el viejo orden social: cada persona se preocupa primeramente de su vida y la de su familia. Algunos, hacen lo que pueden para ser bondadosos con su prójimo, pero existe un límite.

No importa cuántas reglas de convivencia se establezcan, los muros de hostilidad entre la gente permanecen. Incluso dentro de la misma familia hay barreras. La mayoría de las barreras sociales son como malas hierbas, tienen raíces profundas. Aún cortándolas muchas veces, siguen brotando.

La nueva sociedad en la que vivimos no es así. Se nos ha dado una solución radical: nuestro Maestro Yahshua, el Hijo de Dios, nos ha dado el poder de perdonar de la misma manera que Él nos perdonó. Hemos sido liberados de las cadenas que esclavizan a la humanidad. ¿Quién puede amar cuando el sentimiento de culpabilidad o el rencor le separa de los demás? La sociedad de la que hablamos no es un ideal, es una realidad. Las sociedades idealizadas son terreno de soñadores e intelectuales. Incluso Sir Tomas Moore, quien inventó la palabra “utopía”, se dio cuenta de su limitación. Utopía significa “ningún lugar”. No hay ningún lugar en la tierra donde puedas observar una sociedad ideal que funcione. Las sociedades hechas por hombres están basadas en leyes que solo pueden limitar el mal, pero no crear virtud.

Un viejo dicho inglés dice: “Pájaros de la misma pluma vuelan juntos”. De no ser forzados a lo contrario, las personas se juntan con aquellos que tienen intereses afines. Algunos se reúnen por la misma causa social, a otros les acerca una doctrina o una filosofía, pero anidar juntos por mucho tiempo, es un gran reto incluso para pájaros con el mismo plumaje.

A pesar de las barreras que limitan las relaciones humanas, hace dos mil quinientos años el profeta Ezequiel tuvo una visión de algo nuevo y diferente. En su visión, Dios mismo tomó un renuevo y lo plantó para que creciera y se convirtiera en un poderoso árbol: “Debajo de él habitarán toda clase de pájaros, toda clase de aves morarán a la sombra de sus ramas”

Esta profecía cobró más significado cuando nuestro Maestro Yahshua la recordó quinientos años después: “¿A qué es semejante el Reino de Dios y con qué se puede comparar? Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su huerto, creció y se hizo árbol y las aves del cielo anidaron en sus ramas”. Este Reino es un nuevo orden social gobernado por Dios, y Dios es amor. Él es quien plantó el árbol, es su obra. No son los ideales o las leyes humanas las que nos capacitan para vivir de esta manera, sino la gracia y el poder que recibimos a través de su Espíritu.

Muchas profecías bíblicas hablan de este Reino. En el que todas las cosas están siendo restauradas: empezando por la relación entre los hombres y Dios, entre el hombre y la mujer, entre padres e hijos, entre una raza y otra... Una sociedad donde el amor vence la apatía, indiferencia y egoísmo. Donde hombres y mujeres están siendo sanados de la corrupción de sus corazones, para llegar a ser pacientes, generosos, leales y sensibles a las necesidades de los demás. El amor nos libera de los apegos materiales, porque no puedes guardarte para ti lo que otro necesita. Ser parte de este Reino significa amar como Yahshua amó.

Nosotros, que fuimos educados en el viejo orden social, necesitamos ser limpiados de mucho, pero nuestro Maestro Yahshua, poderoso para salvar, nos está cambiando para que nuestro amor sea perfecto.

Algunos pensarán que es demasiado bueno para ser verdad. Pero aquellos que estén preparados para hacer la voluntad de su Creador, sabrán si éste es el Reino de Dios o una invención.

Y como una imagen vale más que mil palabras, te animamos a que vengas y lo veas con tus propios ojos, serás bienvenido.