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Real. Esa es la palabra que usarías para describirle. Él no estaba jugando, ni buscando fama y que le admirasen. Si le hubieras pedido que te hablara de sí mismo, te diría algo como: “Yo soy el que soy.”

Esa sería una descripción bastante buena. No había ni una pizca de engaño en Él. No escondía nada. Era exactamente lo que aparentaba ser, y decía exactamente lo que quería decir. Por eso la gente le amaba, o le odiaba.

Alguna gente te promete la luna, pero Él no era así. Lo que decía tenía sustancia. Hablaba de cosas reales, como el egoísmo, el temor y la avaricia; cosas que están dentro de todos, que los farsantes no admiten, y los cobardes evitan encarar.

Pero no estaba triste y depresivo. Estaba lleno de esperanza y lleno de gozo. Conocía la salida. Por eso hablaba de esos problemas reales: porque sabía que esas cosas estaban llevando a los hombres a la muerte, y Él no quería que fueran a la muerte. Él quería que estuvieran llenos de vida - vida que nunca terminase.

Hablaba de amor – amor real – no de una palabra que escuchas en una canción y te hace sentir bien hasta que la canción acaba, tampoco una pretensión religiosa de plástico. El amor del que hablaba era el amor que experimentaba, y vivía diariamente. Amor que te cuesta algo. Amor que te cuesta la vida. Por eso no cantaba a la gente la misma vieja canción, para luego desaparecer, dejándoles en el polvo. No vivía “para sí mismo”, “ni para su propia vida”. Él se ponía al nivel de los necesitados y les curaba las heridas, les ayudaba en tiempos difíciles y trataba con las cosas que estaban arrastrándoles a la muerte.

Tampoco ayudaba a la gente un tiempo y después se iba a casa. Él no tenía una casa propia. Su única casa era la gente a la que amaba. Ellos eran su todo. Les amaba tanto que quería que estuvieran con Él, les llamó a seguirle, a dejar atrás sus casas y familias, posesiones y ciertamente, el egoísmo, para ir con Él a vivir una vida radical, amando como Él amaba.

Era una llamada seria. Piensa acerca de esto: cuidar a otros a expensas de tus propios intereses. ¿Quién podría vivir así? Muchos lo han intentado.

Vivimos un tiempo especial de la historia. A los que confían en Él, les dará el poder para hacer lo que de una manera natural sería imposible.Los profetas hablaron del día de favor del Soberano. La Biblia está escrita en el contexto de un pueblo, y recorre siglos de historia hasta el final de los tiempos. Es tiempo favorable, el tiempo en que Él establecerá su EDAH (en hebreo – comunidad, colmena), en algunas traducciones “congregación”.

Nosotros seguimos a este hombre, Yahshua, el Mesías. ¿Qué haríamos sin El? Él probó su amor por nosotros tomando nuestro lugar en la muerte. ¡Nunca conocimos un amor como el suyo! – un amor que es más fuerte que la muerte. Yahshua no es una estatua que cuelga de una cruz. La muerte no pudo retenerle. Está vivo y esperando para volver a la tierra, hasta que se hayan cumplido las profecías para el final de los tiempos.

Él es nuestro todo.