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Malaquías escribió algunas de las últimas profecías registradas en el Antiguo Testamento. Las últimas palabras antes de un silencio de cuatrocientos años. En Malaquías 3:18 está escrito: “Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.”

 

 En aquellos tiempos, ya no había distinción. El profeta miraba hacia un tiempo futuro cuando habría de nuevo un pueblo con una cualidad o marca distintiva: servir a Dios completamente dedicados, santos, puestos aparte de las naciones de su alrededor. Éste es el papel que Israel debería haber desempeñado en la Antigua Alianza, y que no cumplió, como se declara en Mateo 21:43.

Ahora, avancemos en el tiempo hasta la vida del Mesías en Israel, cuatrocientos años más tarde. Él dio muchas instrucciones a sus discípulos para vivir como corresponde a sus seguidores: los requisitos para ser su discípulo. Su deseo para ellos era exactamente el mismo que Dios tenía para Israel en la Antigua Alianza. Él anhelaba ver un pueblo que fuese diferente, distinto, distinguible entre las demás naciones. Algunas de sus primeras palabras nos revelan las características distintivas de sus seguidores (a los que llama“vosotros”).

“Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que la ropa? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? Por tanto, no os preocupéis, diciendo: "¿Qué comeremos?" o "¿qué beberemos?" o "¿con qué nos vestiremos?" Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis todas estas cosas. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas.”

Las palabras de Mateo 6 no son meros valores morales, ideales inalcanzables, pautas de vida utópicas o demasiado altas para un ser humano. Cuando lo dijo, quería decir exactamente lo que dijo. No habló desde un punto de vista teórico, sino que manifestó su propia experiencia de vida como ejemplo a seguir. ¿Suena a imposible? ¿Irracional? ¿Irrealizable hoy en día?

Si no es irrealizable, entonces ¿dónde se puede encontrar ese pueblo distinguible (distinto), que sirve a Dios y que vive según lo que Jesús enseñó en Mateo 6? Sólo se puede encontrar en comunidad, porque, esa manera de vivir sólo es posible en comunidad. Juan 12:26 lo dice muy claro, sólo allí, en ese lugar (comunidad) puede uno servir a Dios. Pues allí es donde Él está.

“Si alguno me sirve, que me siga; y donde yo estoy, allí también estará mi servidor; si alguno me sirve, el Padre lo honrará.”(Juan 12:26)

¿Estás tú allí?

Quizás la razón por la que no estás allí (todavía), donde Él está, es simplemente porque no odias tu propia vida en este mundo. Nadie puede seguirle y servirle a menos que odie su propia vida en este mundo, quien no la deteste no podrá estar donde Él está y servirle allí. El Padre honra a los que le sirven donde Él está.
¿Piensas que el Padre te honra donde tú estás? Tú mismo puedes juzgar si te encuentras fuera del allí”, porque todos los que creen como dicen las escrituras (de la manera que dicen las escrituras) tienen ríos de agua viva fluyendo de lo más profundo de su ser (Juan 7:37-39).

Para llegar a este punto, uno debe dar la talla de discípulo a diario. Ahí va un desafío para ser completamente honesto contigo mismo: ¿es esa tu experiencia diaria?

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve a un hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se destruye o se pierde? Porque el que se avergüence de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y la del Padre, y la de los santos ángeles” (Lucas 9:23-26)

Si ya sabes que no estás en ese punto, más vale que llegues allí. Aquí, en comunidad con hermanos y hermanas, puedes saber con certeza si eres uno de los que se distinguen porque sirven a Dios. ¿Y por qué comunidad? Porque es la única manera de hacer lo que dice en la primera carta de Juan acerca de entregar nuestras vidas por los hermanos diariamente.

“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte.

En esto conocemos el amor: en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, como Él nos ha mandado.” (1 Juan 3:14, 16 y23)

Éste es el criterio para distinguir claramente entre los que sirven a Dios y los que no.

Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.