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La parábola que contó Yahshua1 el Mesías en Mateo 21:33-44, era autobiográfica.

Hablaba del dueño de una viña que mandó a su hijo a los labradores para recibir sus frutos.

Yahshua, el Hijo de Dios, deseaba el fruto, esperaba recibir una respuesta al amor que continuamente mostraba a los que estaban a su alrededor, especialmente a aquellos que llamó a ser sus discípulos. Su Padre necesitaba gente que produjera el fruto del reino de los cielos2. Quería establecer en la tierra algo celestial. Por esta razón, Yahshua enseñó a sus discípulos a orar que el reino de su Padre viniera a la tierra así como está en el cielo3. Los discípulos entendieron que seguir a Yahshua significaba que ellos mismos tendrían que hacer algo para traer ese reino a la tierra4. ¡Amaban a su Maestro y deseaban dar mucho fruto!5

Yahshua también les enseñó que a un árbol se le conoce por sus frutos. Si el árbol es bueno siempre producirá buenos frutos, y si un árbol es malo, siempre producirá malos6. Con el tiempo, se fueron dando cuenta que obedecer las palabras de Yahshua daba buen fruto y resultaba en que se mantenían vitalmente conectados a su Creador. Producir mucho fruto demostraría que eran sus discípulos7.

Pero, ¿cuál es “el fruto del reino”? Había dos cosas de las que Yahshua hablaba que destacaban sobre todo lo demás: amor y unidad. Yahshua nos reveló la manera de morar en su amor y permanecer conectados al mismo amor al que Él estaba conectado. Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.(Juan 15:10) Sus discípulos daban fruto a través de la obediencia a sus mandamientos. Y, ¿Qué son sus mandamientos? Lo explica un poco después:

Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. No hay mayor amor que este, que uno dé su vida por sus amigos. (Juan 15: 12-13)

Así sabemos que Él amó entregando su vida por sus amigos, y haciendo esto fue un ejemplo para nosotros de lo que es el patrón de amor para sus discípulos. Hablaba a menudo de estas cosas porque sabía que el hombre había sido creado para amar, para expresar la plenitud del espíritu de Dios en forma física. Todos los mandamientos están diseñados para producir que sus discípulos vivan juntos una vida de amor.

Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:33)

En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras unto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna. (Marcos 10: 29, 30)

La vida de amor

Los mandamientos del Maestro son lo que te hace libre para vivir esa vida de amor. Pero, es imposible hacerlo solo. De otra manera, si entregas tus posesiones, acabarás en la calle, sin nada que ofrecer a nadie. Pero obedeciendo juntos los mandamientos del Maestro, la vida descrita en el libro de los Hechos es posible. Así es como se cumplirá la promesa de recibir cien veces más de Marcos 10:29-30:

Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos. (Hechos 2:44-47)

La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos. No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad. (Hechos 4:32-35)

Yahshua se entregó para hacer posible esta vida de amor. Sabía que solo podría ocurrir si había verdaderos discípulos que obedecieran sus palabras. Sin la obediencia a los mandamientos la persona es abandonada a buscarse su propia comida, ropa y cobijo.

Yahshua enseñó a sus discípulos que no tenían que pensar en cubrir sus propias necesidades, sino que si buscaban primero su reino, todo lo demás les sería dado8. Si todos están ocupados en cuidar de los demás en vez de a sí mismos, todos tendrán sus necesidades cubiertas.

La vida de unidad

La unidad era el otro tema del corazón de Yahshua. De hecho, en sus últimas horas era lo que más le pesaba en el corazón. Antes de ir a la cruz oró que los que le seguían estuvieran en perfecta unidad, y que esto fuera el testimonio de que Él era su Salvador:

Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros... Para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí. (Juan 17:11, 21-23)

El mundo se sorprendería de ver a seres humanos llevándose bien, profundamente conectados entre sí, entregados a cuidarse unos de otros y a asegurarse que todos tienen lo necesario. Esto es lo que significa amar a tu prójimo9 como a ti mismo. Esta clase de unidad es lo único que puede comunicar esperanza a la humanidad de que Dios puede verdaderamente salvarnos de las cosas profundas que obran en nosotros y que siempre han alienado a las personas de los demás. Por supuesto que esto solo sucede si la gracia de Dios es derramada sobre los hombres.

La historia nos cuenta acerca de muchos intentos fallidos de gente que han tratado de vivir juntos. Los hombres nunca han podido hacerlo en sus propias fuerzas, ¡por eso la vida que los discípulos de Yahshua vivieron en un principio era un milagro tan grande! Esa vida es el fruto de haber sido salvos verdaderamente:

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y vosotros sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto conocemos el amor: en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. (1 Juan 3:14,16).

Algunos dirán que es imposible amar como Yahshua amó y llegar a tener la misma unidad que el Padre y el Hijo; pero nosotros creemos que verdaderamente Dios puede salvar a su pueblo hasta tal punto. De hecho, este el objetivo primordial del evangelio10.

La semilla que produce el fruto

Así que, ¿cuál es la semilla que produce ese fruto delicioso? Para empezar, es Yahshua mismo:

En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto. (Juan 12:24)

El venció toda tentación de vivir para Sí mismo11, y en cambio, escogió hacer la voluntad de su Padre, aunque esto le llevó hasta la cruz como un cordero es llevado al matadero12. Murió y fue a la muerte13, para pagar todo lo que nosotros merecíamos pagar por nuestros pecados14; y lo hizo por la esperanza puesta delante de Él15 de ver a su descendencia espiritual, el fruto de la angustia de su alma en la muerte16. O, como dijo el apóstol Pablo:

Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. (2 Cor 5:14-15)

La semilla es también el evangelio que Yahshua predicó. Cuando es sembrada en el corazón de aquellos que están dispuestos a hacer la voluntad del Padre, estos mueren verdaderamente en las aguas del bautismo abandonando por completo sus viejas vidas, incluyendo todas sus posesiones, sus familiares, sus carreras, planes, filosofías, etc. Cuando esa semilla germina y brota en nueva vida, produce el fruto de la salvación que se traduce en el testimonio del reino- la vida radical de Hechos 2 y 4.

Algunos se preguntan por qué los discípulos de aquella época vivían así, y porque los que ahora se llaman a sí mismos seguidores de Cristo, no lo hacen. Muchos razonan y dicen: “Bueno, eso era en aquél entonces, ahora las cosas son diferentes” o “Tenían que vivir así por causa de las persecuciones.”

Sin embargo, no es una coincidencia que las “palabras duras” que Yahshua dijo que había que obedecer para encontrar la salvación, están directamente relacionadas con el modo de vida que tenían los primeros creyentes. La respuesta normal de obediencia al evangelio del reino producía la vida y el testimonio que trastornaba el mundo17.

Así que después de haber leído acerca de la vida radical de Hechos 2 y 4, surge la pregunta: “¿Por qué la iglesia ha cambiado tan drásticamente, hasta el punto de ser irreconocible en comparación a cómo era en un principio?”. La respuesta es que en aquel entonces se estaba estableciendo un reino. Había un propósito en lo que predicaban Yahshua y sus apóstoles, y éste era mucho mayor que la salvación personal de un individuo para ir al cielo después de morir. El propósito del evangelio era producir la nación santa y el sacerdocio real del que habla el apóstol Pedro en 1Pedro 2:9; las Doce Tribus del Israel espiritual del que el apóstol Pablo hablaba en Hechos 26:7, Efesios 2:12 y Gálatas 6:16; la novia sin mancha que describe el apóstol Juan en Apocalipsis 19: 7-8, y 21: 2,9-14.

Sí, el Dios de Israel quiere reconstruir esa nación espiritual que ha de ser una luz para las naciones, llevando su salvación hasta los confines de la tierra18. Es una nación donde la gente que está sola y perdida19 puede refugiarse del sistema corrupto de este mundo, construido y gobernado por el príncipe de la potestad del aire20, el cual domina toda la tierra21.Es una nación santa y aparte del mundo, en la que no hay amor al mundo ni las cosas del mundo22. Es una nueva cultura establecida por el Dios que es amor.

Así que el fondo de la cuestión es éste: que la vida de amor y unidad descrita en Hechos 2:44-47 y 4:32-35 es el fruto producido por la semilla del verdadero evangelio cuando ésta cae en tierra fértil, que son los corazones de aquellos que están dispuestos a hacer la voluntad del Padre. Si alguien desecha este fruto o se conforma con algo menos, también está desechando la semilla que produce el fruto. Muchos se conforman con otra más barata, genéticamente modificada, que produce lo que es el cristianismo de hoy en día: un fruto inerte y dividido. Ellos viven en una apariencia de piedad que no tiene el poder de producir una vida de amor y unidad, y se contentan con eso. Pero, ¿y tú?

Te invitamos a venir y ver el testimonio de la vida radical de amor que está enraizando de nuevo en la tierra. Es una nación espiritual formada por comunidades con gente dedicada a amar a su Creador con todo el corazón, alma y fuerzas y a su prójimo (es decir, al que está más cerca) como a sí mismos23. Esto es lo que hace falta para producir el fruto del reino.

El mundo necesita un testimonio visible de amor y unidad para poder creer que el Padre envió al Hijo Este testimonio no es otra cosa sino la vida radical de Hechos 2 y 4.