Doce Tribus
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El universo... la tierra en movimiento y todas las estrellas yendo a alguna parte... Es asombroso que las galaxias se alejen unas de otras a velocidades increíbles... y el hombre sigue su rumbo.

Tan solo el pasado reciente, los últimos cien años, muestran que el ser humano va en una dirección. Nuestra sociedad cambió radicalmente en el siglo XX. El desarrollo de los medios de comunicación, el “progreso” a todos los niveles han producido cambios profundos que han transformado el mundo material, la mentalidad, han afectado la conciencia y definitivamente han marcado un rumbo para el hombre.

Tras su nacimiento, el cine, por ejemplo, fue motivo de encendidas polémicas. La gente se escandalizaba, los curas protestaban desde sus púlpitos, la censura cortaba películas y colocaba rombos... Luego, la televisión entró en casa y con ella se colaron valores diferentes a los enseñados en la familia. Al principio no parecía demasiado alarmante porque se suponía que solo se trataba de ficción y después de todo, se decía, había un interruptor para apagar la tele en cuanto apareciese algo inaceptable... Un sutil cambio de tono o una innovación pasaban casi desapercibidos. Un susto o una imagen impresionante de vez en cuando solo iban añadiendo interés y emoción al programa que se iba abriendo paso en las mentes de la gente, haciendo el profundo trabajo de contradecir y cambiar su forma de pensar. Cada vez resultaba más fácil dejar pasar un poco de esto y aquello, porque aunque lo considerases bueno o malo, ¡esas cosas también ocurrían en el mundo real!

Con el paso de los años, la moral se ha erosionado hasta el punto de que nuestra sociedad permite mostrar todo tipo de perversiones en todos lo medios de comunicación. Los informativos también han tenido un gran efecto en todos nosotros. Buenas noticias no son noticia, pero las malas sí. Escuchar al locutor cada día, informándonos sobre los asesinatos, escándalos, raptos, violaciones, guerras, robos... en un tono inmutable, sin muestra de emoción alguna, ha tenido un efecto amortiguador en nuestras conciencias, haciéndonos pasivos e insensibles. Hoy en día, muy poco puede sorprendernos o impresionarnos. La pantalla puede mostrar a un soldado explotando, su cuerpo sangriento y mutilado, pero ya nos hemos acostumbrado a ver escenas como esta a la hora de la comida. Las presentadoras de los programas infantiles se exhiben sin ningún pudor y se comportan provocatimamente, pero en realidad eso es solo un poco de la flagrante inmoralidad a la que niños y mayores estamos expuestos hoy en día, vayas donde vayas, quieras o no.  

Los que hemos crecido con los valores morales de hoy en día, ni siquiera nos planteamos que haya algo anormal en que la mujer se corte el cabello, trabaje fuera de casa, dé biberón al bebé y use anestesia en el parto. Todo esto se considera avance y hasta necesidad, pero, frenemos a reflexionar acerca de algunas cosas por extrañas que parezcan...

Todavía a principios del siglo XX, las mujeres llevaban el pelo largo. El pelo largo es un atributo que expresa las cualidades femeninas. Ha sido una tradición humana durante miles de años y no es coincidencia que tantos desbarajustes hayan empezado a materializarse desde los años 20, cuando también la mujer empezó a cortar su pelo y su falda. Siempre fue normal que el deseo de una mujer fuese para su marido y que él fuese cabeza de la familia y ella su compañera, su apoyo, su ayuda, su colaboradora. Pero con el paso del tiempo y argumentando los numerosos casos de injusticia y desamor, una voz potente se ha levantado en contra del mandamiento y la dirección que Dios marcó para el hombre y la mujer desde el principio, y se empezó a exigir el "derecho" de la mujer a gobernar la casa; enfrentándose, contrariando y rechazando al marido. Ante la batalla, el varón frustrado se distanció cada vez más. Los papeles del padre y la madre, se hicieron confusos para los niños, y así crecieron sin saber claramente quiénes eran. Esto ha conducido a que prolifere una gran maldad en nuestra sociedad: la sodomía...¡¿Cómo?, ¿qué?...!

Hace unos años, la homosexualidad se consideraba como una desviación de lo normal; hoy se considera una variación dentro de lo normal. A través de un gran número de homosexuales estudiados por la psiquiatría, se reveló un patrón familiar frecuente que consiste en una madre dominante y superprotectora, y un padre distante y desinteresado. Podría pensarse que en las lesbianas se daría el patrón opuesto al de los homosexuales y varones afeminados, pero en realidad se trata del mismo.

El cambio de papel de la mujer, de estar en casa criando a sus hijos, a estar ausente, añadido a la lamentable pérdida del lazo de unión entre madre e hijo que se establece con el dolor de parto y se refuerza con la lactancia materna, han tenido un tremendo efecto en nuestra sociedad. El cambio de papel del marido y padre, de ser la autoridad y estabilizador de la familia, a ser el hombre despreocupado, distante y robado de su masculinidad, ha tenido el mismo efecto devastador.

Se empezó por hacer chistes sobre maridos pusilánimes y comentarios ligeros sobre quién llevaba los pantalones en la familia; pero ¿quién podía imaginarse que este cambio de papeles afectaría la sexualidad de una persona? Los papeles modelo son muy importantes para el desarrollo del niño, en la formación de su carácter y personalidad. Algunos se convencen a sí mismos de que nacieron homosexuales o de que está en sus genes; esto no es verdad, pero sí es posible que en su niñez fuesen afectados por modelos incorrectos en los roles familiares. Simplemente piensa lo que ocurriría si todo el mundo se volviese homosexual. Solo quedarían los niños probeta y la inseminación artificial... El sentido común deja claro que la homosexualidad es una perversión, el producto contra-natura de nuestra sociedad anormal y antinatural.

Alguna gente se ofende contra Dios y la mayoría de la gente ni se atreve a levantar su voz para expresar lo que molesta su conciencia. El Creador nos dotó con el conocimiento de las leyes morales que pueden preservarnos de arruinar nuestras vidas y las de otros. La conciencia es innata, naces con ella y te habla, cada vez que vas a hacer algo malo; pero si te saltas sus avisos, razonando, buscando excusas, justificando la necesidad... tu conciencia se va dañando, su voz (tu voz humana) se silencia y acaba irremediablemente tarada.

Hoy se proclama la libertad, pero no hay que engañarse, los prejuicios continúan, la opresión y el odio son más intensos que nunca. Está llegando el día en que a lo malo se le dice bueno y lo bueno se considera malo. Los hombres buscan liberarse de cualquier cosa que limite sus deseos, su ambición... Si se considera el fruto de este comportamiento humano, quizá discerniremos si traspasar los límites de la conciencia, los principios morales, los antiguos cimientos, ha mejorado la sociedad, o si por el contrario, al romperse los fundamentos, la sociedad se está desmoronando. Fidelidad, honor, espíritu de sacrificio, nobleza de corazón, honestidad... son palabras que van quedando anticuadas, caen en desuso... Sin embargo la competición, la ambición, el egocentrismo, la mentira, la tontería, la pornografía... y tantos, tantos otros males, se promueven, se defienden y se aplauden. ¿Es esto lo que significa libertad? ¿Libertad para expresar lo malo y opresión para quien no lo quiera? ¿Cómo es que cada vez hace falta más policía, más cerrojos, más alarmas...? La masa repite lo que le han enseñado. ¡No a la represión! Si el niño exige, se enrabieta y pega y da patadas a sus padres... se supone que tienen que dejarle en ese estado de descontrol y no perder su calma... pero, ¿cómo se aprende el respeto y los límites? ¿No enseña la misma naturaleza que si uno se salta los límites, se pierde hasta la vida? Si a un niño no se le corrige, animándole a que se aparte de sus tendencias egoístas, ¿qué tipo de adulto será? ¿Podrá el árbol crecido enderezar la inclinación que tomó cuando era aún tierno?

El hombre de este siglo persigue placer y comodidad. Medicamentos, drogas... ¡cualquier cosa que evite el dolor! El hombre actual tiene muy baja tolerancia ante las dificultades y el sufrimiento.

La inmensa mayoría cree que la mujer necesita dar a luz en un hospital donde se le administran drogas para dormirla y se le puede practicar una cesárea con muchas razones. Si el médico lo dice, debe ser la absoluta verdad. Una mujer ha dado a luz en un hospital. Se despierta sin saber cuál es su bebé, o le apartan de ella en las siguientes horas, se lo llevan a un lugar aparte, en un ambiente artificial donde ella no sabe lo que le hacen y solo le queda creerse lo que le digan. Esta intervención antinatural y el tratamiento anormal de la mujer embarazada, del parto, y del recién nacido están causados por el miedo y alentados por complejos y pervertidos intereses de hombres que desprecian al Creador, que al fin y al cabo, es quien concede, o no, la vida. Algunos hombres tendrán mucho por lo que responder en el día en que sus obras sean juzgadas. El sistema con su ciencia ha tomado el lugar de Dios. ¿Podría ser que una persona no pueda elegir que la dejen morir en paz, sin que experimenten con ella? Esto es aterrador. Si se compara con la manipulación genética y las consecuencias que tendrá.

Una gran maldad se encierra en el hecho de dar medicamentos contra el dolor durante el parto normal. Durante el parto, la mujer experimenta una sensación de desamparo y de necesidad incomparables. Esto la conduce a examinarse a sí misma y a volverse hacia Dios buscando ayuda. Su sufrimiento también la conduce a ser sensible y compasiva con otras personas. Pero todo esto se puede anestesiar.

En otros tiempos, un profundo respeto por la madre crecía en los niños que llegaban a conocer el sufrimiento que esta había pasado para traerlos al mundo. A partir de este momento, ¿cómo podrían ser irrespetuosos con su madre o con su padre que eran la fuente de sus vidas? Poco se aprecia lo que se consigue fácilmente. Si una mujer es propensa a buscar una salida fácil y a evitarse el sufrimiento, también será muy probable que aborte a sus hijos o si los tiene que tolere la falta de respeto en ellos, en lugar de educarles para ser personas íntegras.

En un parto natural, sin drogas, algo maravilloso ocurre entre la mujer y el niño: un vínculo. La madre se une emocionalmente a su hijo en una relación que de otra forma no puede establecerse. El uso de la anestesia solo obstaculiza y daña el instinto de la madre. Si ese lazo de unión no sucede, el interés de la madre por sus hijos se desviará hacia otras cosas. El dolor durante el parto puede tener otra maravillosa consecuencia, el fortalecimiento del vínculo entre marido y mujer. Nada puede llegar más profundamente al corazón de un hombre, que el ver sufrir a su mujer para dar a luz a sus hijos. Esto le llevará a amarla aun más. Evitar el sufrimiento del parto trastorna el patrón familiar. Sin el vínculo que sucede entre madre e hijo, habiendo aniquilado las impresiones que transforman a la mujer después de experimentar un parto natural, el deseo instintivo de tener hijos y cuidarlos sufre un efecto abrumador, que el rumbo y ritmo de la vida en la sociedad actual agravan aun más. ¿Cuántas mujeres han sido convencidas de que lo mejor para ellas y el niño, es dar biberón, papillas y comidas en bote de farmacia? Habría demasiado que decir en favor de la lactancia materna, porque son tantas, tan grandes y extendidas las mentiras que han promovido la actitud antinatural de despego... el espíritu que convence para que cuanto antes el hijo sea apartado de su madre... Pero, ¿qué consecuencias tiene? ...el biberón... la guardería... el cole, y un día la brecha generacional, la depresión, el psicólogo...

¿A quién le interesaría engañar a la mujer para que deje de cumplir el propósito para el que fue creada? Pero esta es la intención escondida de la mente diabólica que prevalece y domina el mundo; lo que se presentó en fachada fue: “Los tiempos están cambiando, la mujer necesita ser liberada del hogar, salir de casa, trabajar, tener carrera”... Y tener que llevar doble carga, si es que desea vivir en un hogar ... con la salvedad de que sea el varón quien haga de ama de casa, y cuide los niños... lo cual es tan natural como que él desarrolle pechos para dar de mamar al bebé.

Así que, supuestamente liberada de la esclavitud del hogar, y de tener que criar varios hijos, se impusieron los sustitutos: biberón, yayas, guarderías... y se alabó el progreso al comparar la condición de la mujer moderna con la de la mujer de antes, que si se casaba, se entregaba principalmente a cuidar de su casa y de las necesidades de su familia. Aquella mujer sabía que ese trabajo era demasiado importante como para entrar en otras consideraciones. Y a pesar de las dificultades de la vida, en su conciencia podía encontrar la confirmación y el consuelo de estar haciendo lo que Dios manda.

Pero esos eran otros tiempos, cuando los hijos honraban a sus padres y los asilos de ancianos eran poco frecuentes, innecesarios. Tampoco vivía la gente con la obsesión de asegurarse el sueldo para cuando ya nadie les quisiese. En una familia normal habría alguien con un corazón para cuidar de sus ancianos. Pero el que no está dispuesto a sacrificar su tiempo y sus planes para cuidar de su hijo, tampoco puede esperar que este lo haga después con él.

Muchos son los cambios ocurridos en el siglo pasado. Ninguna mujer normal deseaba exhibir su cuerpo desnudo; desde pequeñas se les enseñaba a ser pudorosas y virtuosas. La mujer ni anunciaba, ni vendía su imagen por fama o dinero. El hombre tampoco. Mujeres y hombres esperaban ser aceptados y amados por sus cualidades humanas.

¿Qué sucede en nuestros tiempos, cuando tantas cosas están al revés, y se llama a lo bueno malo y a lo malo bueno?

Un hombre inteligente escribió: “Los hombres conocen instintivamente la verdad acerca de Dios, pues Dios mismo puso ese conocimiento en sus corazones. Desde tiempos remotos, los hombres han visto los cielos, la tierra y todo lo hecho por Dios. Han sabido de su existencia y de su gran poder eterno, de modo que no tendrán excusa cuando comparezcan ante Dios, el día del juicio. Si conociéndole no quisieron admitirlo, ni adorarle, ni agradecerle todo su cuidado diario, y con el tiempo empezaron a concebir todo tipo de ideas estúpidas acerca de cómo era Dios y de lo que Él quería que hiciesen. El resultado fue que sus mentes se oscurecieron y se confundieron. Proclamando ser sabios sin Dios, se convirtieron e necios absolutos. Y así, Dios les dejó que se entregaran a todo tipo de pecado sexual y a hacer todo cuanto quisieran, vilezas y actos pecaminosos con sus cuerpos . En vez de creer lo que sabían que era verdad acerca de Dios, deliberadamente prefirieron creer mentiras. Y adoraron las cosas creadas por Dios pero no obedecieron al Creador.

Por eso Dios no les retuvo y cometieron todas esas maldades, de modo que sus mujeres volviéndose contra el plan natural de Dios, se entregaron al sexo unas con otras. Y los hombres, en lugar de tener una relación sexual normal con mujeres, ardieron en deseos unos por otros, cometiendo actos vergonzosos entre ellos, y como resultado, recibieron el pago altamente merecido por su falta.

Y cuando abandonaron a Dios y dejaron de reconocerle, Él les entregó a cometer cualquier cosa que sus mentes malvadas concibiesen. Sus vidas se llenaron de toda maldad y pecado. Y conociendo ellos la sentencia de muerte que dictó Dios para quienes perpetrasen tales crímenes, siguieron cometiéndolos a pesar de todo y animaron a los demás a hacer lo mismo” -- Carta de Pablo a los Romanos 1: 18-32.

En realidad, en casi cualquier civilización y cultura siempre hubo respeto por el Creador, autoridad y orden en la sociedad, siendo la familia la unidad básica; y gobernandose las relaciones humanas de acuerdo a la fidelidad, el amor y el cuidado y servicio a los demás. Cuando estos valores se desprecian, la sociedad también se desintegra y descompone.

El conocimiento del bien y el mal grabados en la conciencia de todos los hombres de todos los tiempos les ha llevado a tener reverencia o temor de Dios y a respetar a sus congéneres y su entorno. ...Pero, también siempre, hubo cobardes, asesinos, ladrones, sodomitas, prostitutas, borrachos, depravados, opresores, traidores, hombres injustos, violentos, mentirosos; y por otro lado, hombres que trataron de ser buenos y justos independientemente de sus creencias religiosas. Sólo para estos últimos habrá un día misericordia. Después de la muerte que toda persona nacida de Adán experimenta, llegará el día cuando todos los muertos resuciten, y aquellos que vivieron de acuerdo con su conciencia, los que lamentaron cada vez que hicieron mal o sufrieron injusticia por no hacer lo injusto... esas personas serán puestas a un lado, para vivir eternamente una vida que ahora los hombres no pueden llegar a concebir. Pero todos los demás, religiosos o no, los que pervirtieron la verdad, los que ignoraron la voz de su conciencia y eligieron hacer el mal, lo aprobaron y lo promovieron con razonamientos “revolucionarios” contra la conciencia; esos hombres resucitarán para ser arrojados a una horrorosa muerte eterna que tampoco la imaginación humana llega a comprender.

Una persona que no haya sido convencida o educada a creer lo contrario, sabe, sin lugar a dudas, que la muerte no es algo bueno ni deseable. Solo hombres y mujeres arrogantes llegan en su necia mente a rechazar y desafiar completamente la voz de su conciencia, negando a Dios y afirmando que la muerte no existe, y que no vamos a tener que rendir cuentas ante un juicio divino por nuestra conducta en vida. A ese tipo de personas no las vamos a convencer de nada. El día será suficientemente convincente cuando llegue, pero también será demasiado tarde. Entonces ¿de qué les servirán los elaborados razonamientos con que hoy justifican su estilo de vida?

Los grandes avances mundiales dan evidencia del curso que sigue la humanidad; su dirección puede advertirse fácilmente observando el estado ecológico del planeta. Fue dicho que habrá un nuevo cielo y una nueva tierra. Un gran fuego purificará la tierra derritiendo todos sus elementos. Nuestro planeta sigue un curso, al igual que el universo entero. Nuestro universo no es eterno, pero algún día algo va a suceder, y la tierra y todas las estrellas de todas las galaxias llegarán a ser eternas. Esto ocurrirá cuando los cielos y la tierra sean renovados.

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