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“Pero esto admito ante ti, que según “el Camino” que ellos llaman secta, yo sirvo al Dios de nuestros padres, creyendo todo lo que está escrito en la ley y en los profetas.”
(Dicho por el apóstol Pablo en Hechos 24:14)

Si Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre,[1] y si la iglesia es su Cuerpo, donde Él es la cabeza, [2] consecuentemente la naturaleza esencial de la iglesia no debería cambiar. En otras palabras, “el Camino” (como era llamada la iglesia del siglo I ) no puede ser diferente de lo que era cuando era “el Camino.” ¿Y de qué manera era? Era como fue desde el principio, Hechos 2:44-47 y 4:32-35, cuando tenían un solo corazón y un solo camino, tal como dice el profeta Jeremías. [3]

 Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían todas sus propiedades y sus bienes, y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno… La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común.

Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos. No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad.

Pero ahora no es así. Ya que la iglesia no se parece al patrón original, es evidente que ha ocurrido una mutación. ¿Qué sucedió con la demostración visible, descrita en Hechos 2 y 4, que resultó de la primera predicación del Evangelio, por los que habían estado con Cristo? Un par de definiciones nos ayudarán a resolver la cuestión:

Etéreo – perteneciente al éter, al cielo, a regiones más allá de la tierra. Vago, sutil, vaporoso. Sin sustancia material: inmaterial, intangible.

Corpóreo – que tiene cuerpo o consistencia. Perteneciente o relativo al cuerpo o a su condición de tal. Relativo al cuerpo de una persona, especialmente opuesto a su espíritu tangible, material.

La iglesia del siglo I era corpórea, no etérea. Era la manifestación visible, tangible de la salvación hallada en Cristo, revelada por medio de una expresión concreta de su vida y del amor de su Cuerpo. Solo un testimonio corporal del Cuerpo de Cristo puede ser el cumplimiento del mandamiento en Juan 13:34-35 y de la última oración antes de morir en la cruz. Juan 17:23.

“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.” (Juan 13:34-35)

“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí.” (Juan 17:23)

El amor y la unidad de sus discípulos deben ser visibles al mundo, como prueba de que verdaderamente Dios envió a su Hijo para salvar al mundo. El mundo no puede creer y llegar a ser salvo si no ve unidad entre Sus discípulos, cuya obediencia a la Palabra de Dios les caracteriza y distingue del resto del mundo [4]. La palabra santificado precisamente significa eso: puesto aparte, diferenciado, no profanado espiritual ni físicamente.

El Cuerpo de Cristo puede compararse a un barco en alta mar que lleva a todos sus pasajeros a su destino, a salvo. Un barco está en el océano pero no es del océano. Imagínate un montón de gente manteniéndose a flote con sus piernas, cada uno afirmando estar todos a salvo en el mismo barco y yendo hacia el mismo destino. ¡Qué absurdo! Al principio la iglesia era como ese barco y su estructura era comunitaria. [5]  ¿De qué es evidencia la vida de los discípulos de Jerusalén en el siglo I, sino del mandamiento en Juan 13:34-35 y la oración en Juan 17:21-23? Aquella vida era una detallada expresión que elucida [6] la oración del Maestro y el mandamiento para Sus discípulos. [7] Esa vida era el proyecto del Cuerpo del Mesías.

La clara expresión de la comunidad de Jerusalén era el núcleo (con la información)que debía reproducirse y multiplicarse por todo el mundo. El patrón de Jerusalén debería haber sido solo el principio del Cuerpo del Mesías, corpóreo y colectivo. Por ejemplo, Pablo en su carta a la iglesia de Tesalónica, les alaba porque seguían el mismo patrón expresado por todas las iglesias de Judea, [8] y menciona que estaban sufriendo persecución por la radical demostración de su fe.

La vida en comunidad, por el poder del Espíritu Santo, purifica a todos los que están en ella. La experiencia es, que en verdad, te completa espiritualmente. Las manos de los que se han comprometido contigo en esa vida, son las mismas que demuelen las fortalezas espirituales que erigió el pecado en tu vida. La profecía de Jeremías acerca de la Nueva Alianza [9] solo puede realizarse viviendo en comunidad; que es la única manera de llegar a ser uno realmente: siendo de un solo corazón, siguiendo el mismo camino, unido en cada aspecto de tu ser, creciendo hacia la cabeza, que es el Mesías. [10] En ese lugar creces viviendo en absoluta unidad, tal y como oró el Salvador en Juan 17:23 – “uno como el Padre y el Hijo son uno” – una unidad que no da lugar a denominaciones.

La unidad claramente visible de la primera iglesia, fue el resultado del amor que alcanzó lo más profundo de todos los que creyeron. El Evangelio les había traspasado el corazón, y el desenlace fue la rendición incondicional a la soberanía del Mesías en sus vidas. El testimonio corpóreo del Cuerpo expresaba que su salvación era real (no una fantasía). No había discípulos en solitario, independientes de los otros discípulos, haciendo lo que ellos “sentían” que era “voluntad de Dios”. Un cuerpo verdadero no funciona así. “Todos los que creyeron estaban juntos…” [11] El amor que tenían unos por otros era auténtico, corpóreo, no etéreo. Creyeron de verdad en el Mesías, como consecuencia fueron injertados en su Cuerpo por medio del bautismo, y rindieron su independencia. Aquellas 3000 vidas rendidas, sumadas a los 120 que ya estaban, no resultaron en un cuerpo etéreo, sino en un cuerpo genuino, de creyentes que vivían juntos en comunidad, su amor era real y visible y su unidad era real y visible; lo vivían diariamente como expresión corporal del Cuerpo del Mesías.

Es triste que hoy en día, la respuesta del Cristianismo sea tan distinta en lo que se refiere a la llamada del Mesías al discipulado. Los líderes de las iglesias en todas partes, aceptan la imposibilidad de que exista una expresión corporal del Cuerpo del Mesías como la descrita. Se dicen cosas como: “Unidad en la diversidad.” “Somos tan solo humanos.” “La carne es débil.” “Seremos uno en el cielo.” Pero desgraciadamente esa unidad prometida no hará ningún bien al mundo, pues según el Salvador, lo que el mundo necesita ver es una demostración de la unidad para creer que el Padre envió a su Hijo. [12] Y es que si su sacrificio no fue suficiente para liberar a sus seguidores del pecado que los separa, [13] ¿qué evidencia habría de que Él murió y resucitó por ellos?

Espiritualizar las palabras de Jesucristo para evitar la simple obediencia, solo producirá algo etéreo, ralo y místico. La primera iglesia conmocionó al mundo. Su efecto no fue en nada etéreo; fue una iglesia con cuerpo: corpórea.

Cuando la iglesia sea restaurada al fundamento original, y según el patrón original (el cuerpo real y la vida real, fruto de la realidad: “todos los que creyeron estaban juntos”), entonces habrá esperanza de que el mundo crea que el Padre envió al Hijo. Y también la iglesia crecerá con un crecimiento que será de Dios, [14] aumentando hasta la estatura plena del Mesías [15] como una novia preparada para su rey. [16] Sólo entonces, volverá el rey a por su novia, para establecer su reino en la tierra.

1. Hebreos 13: [atrás]
2. Colosenses 1:18 [atrás]
3. Jeremías 32:29 [atrás]
4. Juan 17:15-19 [atrás]
5. Hechos 2:42-47; 4:32-35 [atrás]
6. Elucidar: esclarecer, poner en claro. Explicar o hacer comprensible un asunto, dilucidar. Librar de confusión o ambigüedad. [atrás]
7. Juan 14:15,21,23,24 [atrás]
8. 1 Tesalonicenses 2:14 [atrás]
9. Jeremías 31:31-34; 32:38-41 [atrás]
10. Efesios 4:11-16 [atrás]
11. Hechos 2:44 [atrás]
12. Juan 17:23 [atrás]
13. Juan 8:36 [atrás]
14. Colosenses 2:19 [atrás]
15. Efesios 4:11-16 [atrás]
16. Apocalípsis 19:7-8 [atrás]
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