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Como puedes ver, el Coloso se encuentra firme, en pie sobre la Tierra, invencible y sin rival. ¿Qué significa esta estatua, y por qué está compuesta de diferentes metales?

Esta estatua procede de un sueño que tuvo el rey de Babilonia hace 2.500 años, cuyo relato está en la Biblia, en el segundo capítulo del libro de Daniel. En esta profecía se encuentra el significado de toda la historia de la humanidad desde aquel tiempo hasta nuestros días: “el fin de los tiempos”.

Daniel, un profeta judío de la corte del rey de Babilonia, interpretó el inquietante sueño del Rey como una sucesión de imperios que dominarían la tierra. La cabeza de oro representaba el Imperio babilónico (“Tú, oh majestad”, dijo Daniel, “eres la cabeza de oro”). El Imperio persa, el pecho de plata, y Grecia el abdomen de bronce. Las piernas de hierro representan el Imperio romano.

Estos imperios, aunque fueron muy poderosos, dejaron de existir. Sin embargo, las piernas de hierro, se extienden hasta los pies, donde se mezclan con arcilla. Es en los pies donde nos encontramos hoy. Aquí está el secreto de nuestros tiempos.

Una noche, mientras el rey de Babilonia dormía en su cama, le fue revelado en sueños lo que sucedería en el futuro.

Vio una gran estatua, un coloso enorme de extraordinario esplendor e imponente aspecto.

La cabeza del Coloso era de oro fino muy brillante, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro, y los pies, parte de hierro y parte de arcilla. Mientras el rey observaba al Coloso, una piedra fue cortada de una montaña sin que intervinieran manos humanas. La piedra rodó y golpeó los pies de la estatua.

Entonces, el hierro, la arcilla, el bronce, la plata y el oro fueron desmenuzados todos a la vez, convirtiéndose en polvo. Y el viento se los llevó sin que quedara rastro alguno de ellos. Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte que llenó toda la tierra...

Libro de Daniel 2:31-35

La estatua con sus diferentes metales representaba una sucesión de imperios que dominarían el mundo. La Historia confirma la interpretación de Daniel. A Babilonia (el oro) le siguió el Imperio persa (la plata), posteriormente el griego (el bronce) y finalmente el romano (el hierro).

El oro no reacciona con el aire, la plata se mancha y pierde brillo, el bronce se corroe, y el hierro se oxida hasta desaparecer. ¿Qué significado tiene que el valor de los metales disminuya conforme se desciende de la cabeza a los pies de la estatua? Simplemente que cada rey estaba sujeto a más control y supervisión que el anterior. El rey de Babilonia, tenía poder absoluto sobre su imperio y no tenía que dar cuentas a nadie. Pero los reyes persas estaban limitados por sus propias leyes y no eran completamente libres para tomar decisiones. El gobierno griego debía responder por lo que hacía ante la autoridad militar, y los césares de Roma se encontraban a menudo reñidos con el Senado. Sin embargo, aunque la calidad de los metales disminuía, haciéndolos más fácilmente corruptibles, estos imperios sucesivos aumentaron en fuerza y resistencia y fueron cada vez más duraderos.

El hierro es el metal de la guerra, de la fuerza. El cuarto reino, Roma, por su férrea naturaleza, dura e inflexible, ha prevalecido como imperio mundial. Después de 1.500 años no ha habido otro imperio que haya logrado tomar su lugar. A nuestro alrededor podemos ver las huellas de Roma en los cimientos de la civilización occidental. Desde el sistema legislativo (con su vocabulario en latín), gobierno, religión, historia, hasta la arquitectura, tradiciones y lenguaje. Algo en el alma de la política occidental desea que la gloria de Roma pueda revivir de nuevo. Sueña con un mundo unificado porque aún recuerda el enorme éxito, tanto económico como militar, del Imperio romano en su época de esplendor: "Pax Romanus".

No obstante, esta paz tenía un precio. Hasta entonces la gente nunca había experimentado tan alto nivel de control gubernamental en todos los aspectos de la vida del ser humano. Aunque los ciudadanos romanos tenían cierta libertad para elegir su gobierno, la mano rígida del Emperador les obligaba, por ley, a cosas como presenciar los eventos deportivos. Todos debían ir al templo y ofrecer incienso al Emperador como si fuera un dios, reconociendo la supremacía del Estado, después eran libres para adorar a cualquier otro dios que ellos eligieran. Debido a la gran prosperidad, había también muchas oportunidades para el placer, de manera que a la mayoría de la gente no le importaba que hubiese tal control gubernamental. Aquellos que discrepaban en voz alta se encontraban con la fuerza bruta. Nadie se podía enfrentar al hierro de la Roma imperial.

Cuanto más aprendemos acerca de la profecía de Daniel, más claro vemos que el hierro está resurgiendo y que el Coloso se está afirmando sobre sus pies de hierro mezclado con arcilla. Mientras lo hace, el Dios del cielo está preparando una gran sorpresa.

LA PIEDRA, formada sin manos humanas

Daniel predijo que un reino levantado por Dios en los últimos días, aplastaría al Coloso. Este Reino de la Piedra, cortado de la montaña del mundo, caerá sobre los pies de la estatua destruyéndola completamente. ¿Qué es este reino que Daniel describe como la Piedra?

Vamos a describir lo que no es. La Piedra de ninguna manera forma parte del Coloso. Tampoco se trata de una nación física con fronteras naturales o con un ejército para defenderla. A diferencia de otros reinos, no ambiciona riquezas ni poder. No está pulida ni es deseable, no tiene valor a los ojos de los hombres. Su esencia no es valiosa para el Coloso, pues para él es material pobre e inútil, y por tanto lo desecha. El Coloso está hecho de material de calidad, no es mera piedra o escombro. Ha sido forjado con el sufrimiento de los hombres para llegar a ser una magnífica civilización. Es obra de manos humanas, la culminación del sueño de una vida perfecta, un tesoro pulido a los ojos del hombre. Coloso es el nuevo orden mundial.

Si el Coloso es la civilización creada mediante el esfuerzo de los hombres, ¿qué es esta piedra cortada por Dios sin intervención de manos humanas? ¿Qué clase de sociedad crearía Dios? Sería una sociedad donde los valores y prioridades de la gente fueran los mismos que los suyos. En vez de perseguir las riquezas como lo más importante, compartirían con aquellos que tienen necesidad. No temerían por su propia vida, ni lucharían unos contra otros, sino que en todo confiarían en su Creador.

Responderían al mal con humildad y bondad. ¿Y el poder? Su único deseo de poder sería para vencer su propio pecado, cualquier cosa que daña a los demás y desagrada a su Creador. Al estar hechos a la imagen de Dios, su característica más evidente sería el amor puro de corazón, sin pensamientos egoístas. La meta de sus vidas no sería la búsqueda de placeres ni la plenitud personal. Dios mismo sería su meta, su placer, y su plenitud. Con el tiempo llegarían a ser exactamente como el Hijo de Dios. Su amor y unidad de corazón asombrarían al mundo.

Si el Reino de la Piedra fuese de cualquier otra manera sería más parecido al Coloso que a Dios.

Daniel dijo que sería cortado de la montaña al mismo tiempo que el Imperio romano volviese a resurgir en la tierra, aunque esta vez de una forma menos gloriosa pues el hierro está mezclado con arcilla.

LOS PIES de hierro y arcilla

El Coloso retrata la Historia antigua y la naturaleza de los reinos que dominaron la tierra. Así, en sus dos piernas queda reflejada la división del Imperio romano entre Oriente y Occidente. Esto sucedió después de que Roma, viendo debilitada su unidad y poder civil, con el fin de recobrar su fuerza, abrazó el cristianismo bajo el gobierno del emperador Constantino. Así, el Imperio romano pasó de perseguir a la Iglesia, a desearla. Este "abrazo" tuvo consecuencias fatales. La misma Roma que mató al Mesías se hizo cristiana, y aquellos cristianos que habían sido perseguidos, respaldados por el poder, pasaron a ser perseguidores de los que tenían otra creencia.

Desde entonces, la Historia registra un sangriento patrón que se repite una y otra vez: los “santos", persiguen a los “pecadores”, y no al contrario. Aquellos que clamaban tener la “buena doctrina”, asesinaban a los de “mala doctrina”. En poco tiempo, la decadencia del Imperio romano quedó encubierta por el manto de la Iglesia católica. Este sistema religioso hizo posible que muchos de los tesoros de Roma fueran preservados, desde el arte y el lenguaje, hasta la esperanza de un mundo unido bajo una sola cabeza.

Hoy día, fuerzas como la globalización trabajan para conseguir un gobierno mundial, cuya sede no podría estar en otro lugar más adecuado que el continente europeo, sustentado por las estructuras del viejo Imperio romano. Europa, que está esforzándose por conseguir la unidad, pronto marcará la pauta para todo el mundo, haciendo que los ciudadanos abandonen sus prioridades nacionales por causa de la "Pax Europa", la paz y bienestar de Europa.

Sí, Roma está despertando como un gigante dormido: el Coloso. Aunque algunos lo llamarían Frankenstein.

En los pies de hierro y arcilla se ve claramente cómo el hierro del viejo Imperio romano va cobrando fuerza: hay un creciente control gubernamental sobre cada individuo, se unifican las diferentes naciones mediante la supresión de las barreras económicas y se aprueba la intervención de los soldados de las fuerzas de paz en los conflictos armados; mientras se imponen embargos y diversos tipos de sanciones económicas a las naciones que no se adhieren a esta línea política.

El hierro es la fuerza pero, entonces, ¿qué es el barro?

La sociedad occidental se encuentra sumida en un caos que aumenta incesantemente. El respeto por la autoridad, parte fundamental de una sociedad, está desapareciendo. Los gobiernos se enfrentan a una serie de problemas muy graves, como el sida y otras enfermedades venéreas; abundan los trastornos mentales y depresivos, atentados terroristas, junto con un altísimo porcentaje de divorcios, madres solteras, violencia, alcoholismo, etc.

Este empobrecimiento del carácter de las personas supone un alto coste para el Coloso, que no tiene suficientes fondos, ni suficientes leyes, ni suficientes policías..., es decir, no tiene suficiente hierro para solucionar los problemas que resultan de la falta de conciencia. La sociedad se desintegraría a menos que la gente fuera motivada a cambiar su degradante actitud.

El emperador Constantino también tuvo que afrontar la decadencia de su imperio debida a una falta de propósito. El Coloso necesitaba desesperadamente renovar sus fuerzas para mantenerse en pie y gobernar. Aunque iba en contra de su propia naturaleza de hierro, recurrió a la única estrategia que podía funcionar: abrazar la religión. Y así entró el barro.

IGLESIA Y ESTADO

El Estado, por si solo, no está siendo capaz de mantener y proteger la estabilidad moral en esta decadente sociedad.

El gobierno se mantiene muy ocupado promulgando cada vez más leyes contra el crimen o la inmoralidad, pero los resultados que obtiene son escasos; la obsesiva búsqueda del placer, es una fuerza demasiado poderosa. Por eso el Coloso, viendo la magnitud del problema, se vuelve hacia la Iglesia en busca de ayuda.

La profecía de Daniel nos dice que el reino de los pies de hierro y arcilla será fuerte y frágil a la vez. Una confusa mezcla de política y religión.

Este nuevo imperio que emerge sueña con dominar el mundo, pero carece de la capacidad de motivar el corazón humano.

La promesa de bienestar económico es lo que en realidad sostiene la globalización, pero resulta insuficiente para llevar al mundo entero a la unidad. Por eso el Coloso necesita algo que inspire a la gente y, en su arrogancia, no tiene inconveniente en mezclarse con ingredientes de menor calidad con el fin de mantenerse. Porque el frío hierro puede forzar y aplastar, pero no puede infundir en los hombres la visión de un mundo unificado. Solo Dios puede hacerlo. Por eso el Coloso pide ayuda a la Iglesia, que está deseosa de abrazar esta nueva relación. Ella también sueña con dominar al mundo.

Estas dos fuerzas, el Estado y la Iglesia, el hierro y la arcilla, forman una extraña pareja. Cada uno tiene sus propios planes. El Estado quiere ser Dios, y la Iglesia quiere ser el Estado. Ambos buscan la lealtad absoluta de los hombres. Él es duro y áspero, y ella prefiere las palabras tiernas, pero ambos saben cómo conseguir lo que se proponen. Él necesita la fachada de integridad moral que ella posee, y ella el hierro para acabar con cualquier opinión que ponga en duda su pureza y unidad. El resultado es un matrimonio de conveniencia, sin amor entre ellos. Para ambos, la posibilidad de llegar a dominar el mundo resulta lo suficientemente atractiva como para soportar la tensión que conlleva esta alianza.

¿ESTÁ LA PIEDRA LISTA PARA RODAR?

Todavía no. Daniel dijo que los diez dedos de los pies de hierro y arcilla, serán diez reyes que gobernarán en lo que una vez fue territorio romano, Europa. Estos diez reyes están a punto de establecerse y, cuando lo hagan, se cumplirá lo que Daniel profetizó:

"En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, y este reino no será entregado a otro pueblo; desmenuzará y pondrá fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre."

¡La Iglesia apenas puede esperar que esto suceda! ¡Gobernaría para siempre como si el reino de Dios estuviese aquí en la Tierra! Esta es su pretensión y también su esperanza. Pero... algo falla. Está claro que el cristianismo no puede ser la Piedra porque existe desde hace 2.000 años, mucho antes de la aparición de los diez reyes. Su barro no es más que una falsificación de la Piedra y, a medida que pasa el tiempo, es más difícil distinguir el hierro de la arcilla. Además, si formara parte de los pies del Coloso, ¿cómo iba a rodar desde la montaña y caer sobre él?

La Piedra es el Reino de Dios, y no se mezcla con el hierro, es decir, que no forma parte del sistema, sino que será una nueva cultura separada del mundo. La Piedra es un pueblo que Dios cortará de la montaña del mundo para posesión suya. ¿Cuándo? En los días de los diez reyes, los diez dedos de hierro y arcilla. En otras palabras, ahora, o muy pronto.

Así que, aquí estamos, a la expectativa de estas cosas, a la sombra del Coloso. Cuando él esté firme sobre sus pies, estará listo para ejercer su poder. Y cuando un pueblo, el Reino de la Piedra, sea arrancado del mundo, el Dios del cielo también estará listo para mostrar su brazo poderoso. Estos son los apasionantes tiempos en que vivimos.