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Redada en la Comunidad en Klosterzimmern. Relato de un testigo ocular.

Septiembre 5, 2013, Yom Teruah (El día del despertar) 

6 a.m. jueves por la mañana del 5 de septiembre. Alrededor de 100 policías y 25 vehículos entraron en nuestra propiedad seguidos por otros tantos asistentes sociales, guiados por el jefe de los servicios sociales. Tan pronto como entraron, se repartieron estratégicamente por toda la propiedad. Como era Shabbat, Yom Teruah (Rosh HaShannah), el primero de los diez días de Yom Kippur (Día de La Expiación), no nos reuníamos hasta las 8 de la mañana. Todavía estábamos en la cama, excepto algunos que estaban ordeñando las vacas. Es difícil de creer que no sabían que el mejor día para apresarnos era uno de los grandes días santos de la tradición judía.

Nos despertamos con el ruido de los vehículos y de los policías hablando alrededor de nuestras casas. A algunos, los policías nos sorprendieron al entrar en nuestros dormitorios, vistiéndonos apresuradamente, mientras desesperados llamábamos a amigos y a nuestro abogado. Fuimos concentrados en nuestro salón por muchos policías fuertemente armados y los funcionarios de los servicios sociales. Uno de los asistentes sociales nos leyó la decisión del juzgado, que la custodia de todos los niños de los padres de la Comunidad de las Doce Tribus en Klosterzimmern menores de 18 años fue parcialmente quitada (con respecto residencia, cuidado médico, educación, y relaciones) y dada a los servicios sociales, y que debíamos dejarles ir inmediatamente, o si no, utilizarían la fKlosterzimmern Raiduerza.

Se nos preguntaron nuestros nombres y los nombres de nuestros hijos; que no estábamos seguros de que deberíamos de dar, ya que todo parecía un increíble ataque en contra de los derechos humanos. El jefe de policía nos pidió entonces entregarles a todos nuestros hijos y jóvenes, incluyendo una joven visitante. Como dudamos, vimos a los asistentes sociales ponerse sus guantes negros y supimos que estaban preparados para arrebatarnos a los niños si no cooperábamos.

Pasaron por nuestra memoria escenas de la última redada en octubre de 2002. Alguien dijo: “¡esperad un minuto, vamos a orar por nuestros hijos! Así que decidimos orar por ellos y los enviamos con los asistentes sociales, para evitarles la violencia de ser arrancados a la fuerza de nuestro lado. A las madres lactantes se les permitió acompañar a los bebes.

Después de que se llevaran a los niños se nos pidió que nos hiciéramos fotografías individuales sosteniendo un rótulo con un número de identificación diferente para cada uno. Les ofrecimos identificarnos con nuestros documentos de identidad, en los cual no estaban interesados. El jefe de policía y SS “Staatsschutz” nos amenazó diciendo que si no accedíamos a hacernos las fotografías, recibiríamos duras multas y seriamos encarcelados. En fila india fuimos llamados a entrar en una habitación uno a uno y tomarnos las fotografías sujetando el número, al igual que criminales. El número fue posteriormente registrado en su lista. Me sentía como si estuviera experimentando el mismo trato del que había leído durante mi juventud en los informes acerca de los judíos en los tiempos de los nazis. Tenía el sentimiento de que si hubieran podido nos hubieran llevado directamente  a un campo de concentración.

Cuando comenzamos a despertar de nuestra conmoción, nos dimos cuenta que nuestros hijos se habían ido y que los habíamos dejado marchar, sin realmente haber sido informados de nuestros derechos legales y que tampoco se nos había permitido nuestra defensa legal. Nos dirigimos a los policías y funcionarios diciéndoles que lo que estaba pasando no parecía legal, y que queríamos ver a nuestros hijos, saber dónde los estaban llevando, ver un abogado, y que se nos entregaran los document6os legales del procedimiento. Simplemente nos dijeron que era legal y que no había nada que podíamos hacer, y trataron de calmarnos diciendo que pronto sabríamos donde están los niños y podríamos comunicar con ellos. No nos permitieron salir de la habitación.

Ahora, tres días después, sabemos que nos mintieron. Después de muchas investigaciones, la mayoría de los padres no saben dónde están sus hijos (entre 3 y 17 años). A los niños mayores les proveímos de dinero y teléfonos y prometieron llamarnos. No lo han hecho, obviamente se les ha impedido hacerlo por la fuerza. Los abogados que les han sido asignados no saben dónde están ni tampoco tienen ninguna información de contacto.

No hemos visto ningún documento oficial a parte de un papel dirigido  “ a los padreKlosterzimmern Raids de los menores de la Comunidad de Las Doce Tribus en Klosterzimmern”- sin nombres, solo con una información genérica de que “nuestra” (¿la de quién?) custodia nos había sido quitada y que podríamos obtener información en un número de teléfono de los servicios sociales. En todos los números de teléfono a los que llamamos se nos dijo “que no se les estaba permitido darnos ninguna información”.

Más tarde supimos que un abogado y algunos otros amigos habían tratado de venir a ayudarnos durante la redada y que no se les permitió acceder a nuestra propiedad. Cuando por fin se nos dieron algunos documentos legales del procedimiento, tras la severa exigencia de un abogado, era el viernes por la tarde. Todas las oficinas cerraron el fin de semana. Los abogados asignados a los niños acababan de recibir la documentación del procedimiento, algunos están todavía de vacaciones y los que han intentado obtener información no han podido encontrar nada.

Así tenemos que esperar hasta el lunes, apenas pudiendo dormir, comer, o pensar con claridad, sufriendo sin saber dónde están nuestros hijos. Supuestamente todo esto se ha hecho por la preocupación por el bienestar de nuestros hijos y para asegurarse que se protegen sus derechos. Los que parecen tan concernidos por nuestros hijos, como el jefe de los servicios sociales y el jefe del condado se han marchado de vacaciones por dos semanas. El juez que firmó la orden está demasiado ocupado para hablar con nosotros.

Así no hay ninguna institución legal a la que recurrir acerca de la injusticia que sentimos que está sucediendo. No tenemos a quien ir excepto al Juez Justo que un día juzgará de acuerdo a las obras de cada uno (Juan 5:28-29). Sabemos que nuestro Redentor vive y es nuestra única esperanza y nuestro abogado. Creemos que todo esto que ha sucedido tiene propósito y que nuestro sufrimiento no será en vano, sino que esperamos que esto no solo nos despierte a nosotros sino a muchos otros. La gente de Europa, especialmente la nación alemana, ha sufrido durante toda su historia bajo el temor de la pesada opresión de los poderes político y religioso. Nuestra esperanza es que nuestra liberación, cuando llegue, de esperanza a la gente que hay Uno que juzga con justicia.

Annette Schüle

(Madre de seis hijos que ha perdido un hijo e trece años en la redada)

1 response found
Desemparats Bertomeu Garcia on Jueves, 07 Enero 2016 23:53 said:
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Ante Dios y su hijo Jesucristo no es licito actuar así sin ningun motivo, prq francamente no he leido nada en que ustedes ayan incurrido contra la ley, no entiendo prq ni en base a que las autoridades (los que se dicen ejecutores de la ley) actuan así, ¿que motivo les lleva,actuar de ese modo? prq la verdad ustedes no exponen los motivos que los ha llevado actuar en ese gran violencia, prf aclarenme como esta la situación prq terminado de leer me he quedado con gran malestar, no entiendo porque sea actuado así. Gracias
emparbertomeu@hormail.con
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